Restaurante de la O

Un restaurante que te deslumbra con su modernidad, pero al mismo tiempo te hace sentir como en casa

Cuando llegas al Restaurante de la O, lo primero que notas es la serenidad, la tranquilidad y el silencio comparado con el bullicio a solo 100mts en la entrada al Puente de “Chapina”.

Parece casi irreal que en un momento puedes estar en uno de los cruces más concurridos de la ciudad y de pronto encuentras este pequeño oasis en la orilla del Guadalquivir.

Un oasis lleno de plantas aromáticas con colores que llenan el ambiente, árboles de 15 metros de alto que proyectan sombras, refrescan y te hacen sentir refugiados del sol y calor sin hablar de las vistas al Río que automáticamente te relajan viendo los piragüistas remar de un lado a otro mientras compartes una refrescante Estrella del Sur en la terraza.

Esa es la puesta en escena. ¿No suena mal, verdad?

Pues aún va a mejorar más, por que ahora en ese pequeño paraíso te encuentras una terraza con sombrillas, sillas de cuero, mesas con platos de cerámica, (hechos a mano allí mismo por la esposa del dueño y chef),  junto a un local que llama la atención por su aspecto moderno pero con detalles de toda la vida de nuestra tierra.

Te encuentras en el Restaurante de la O.

Un restaurante que te deslumbra con su modernidad, pero al mismo tiempo te hace sentir como en casa con las lámparas de cerámica, la pared con ladrillo visto que donde se puede apreciar que se instaló con gran esmero y filas de vigas de madera delgadas que dan un toque de calidez con su naturalidad y que todo se mezcla con un jardín vertical y otro jardín de exterior que te encuentras al fondo.

Y todo esto te hace pensar ….”La obra de este restaurante tuvo que tardar siglos con todos los detalles!” Y ahí es donde entra Manuel Llerena.

Manuel terminó sus estudios siendo arquitecto pero después de la crisis del 2008 y su famosa burbuja inmobiliaria, Manuel pensó que su sueño de arquitecto ya no era el correcto, ¿y que hizo?, busco un sueño nuevo.

Esa era la semilla que años más tarde se convertiría en el Restaurante de la O.

Después de años de estudios para convertirse en Chef, y una temporada en Aponiente de Ángel León con sus Estrellas Michelin, Manuel se lanzó a crear su propio espacio.

Ese espacio es este oasis en el Paseo de la O lleno con sus detalles y carácter inconfundible de un artista no solo de la cocina pero también de la arquitectura.

Es un espacio donde prima el producto fresco, las plantas aromáticas, (que él mismo cultiva en su terraza mirando a Sevilla y su Giralda) ,platos hechos con amor y creatividad pero siempre con un guiño a la cocina tradicional Andaluza y además, cuentan con una carta de vinos diferentes y variados de bodegas pequeñas pero con viñedos que producen unos vinos excepcionales.

Nosotros probamos de primera las Ortiguillas con pan de cristal, tinta de calamar y huevas con mayonesa de wasabi. No solamente estaban riquísimos sino que también animaban la conversación ya que tienes que rellenar el pan de cristal con los ingredientes tú mismo e inmediatamente te encuentras hablando sobre ello con la persona a tu lado sin olvidar la perfecta combinación de este exquisito bocado con una buena Estrella del Sur

De segundo, nos presentaron una Tartaleta de pollo a la marroquina que era un crujiente pastel con base de cuscús, un aliño de ras el hanout, cebolla carmelizada y aromatizada con hierbabuena. Un sabor fuerte pero refrescado por la salsa tzatziki griega que también deja un toque a hierbabuena en nuestro paladar.

El tercer plato era algo no esperado, ya que como el mismo Chef nos comentó, estaba hecho con piezas de descarte que normalmente no llegan a las mesas tradicionales.

En este caso hablaba de la Espina del atún, (que eligen de atunes que superan los 150 kilos), que a primera vista parecen un costillar de cordero de lo grande que son pero el sabor a atún es inconfundible, especialmente a la brasa.

Recomiendan empezar con cuchillo y tenedor pero al momento ya ves que es mejor cogerlo con las manos y desmontarlo para sentir las diferentes texturas. La gelatina de la espina mezclada con la acidez de la salsa de tomate de los Palacios con jengibre y naranja rallada son toda un explosión para los sentidos.

Y para terminar, un postre de chocolate con chocolate y más chocolate. 🙂

Una sopa de chocolate blanco, con un brownie de avellanas de chocolate negro y una “peineta” de chocolate con leche.

Y aunque este texto de por sí, ya debería, como mínimo hacerte pensar en ir a visitarlo, todo esto no es nada sin Estrella del Sur y el plato más exquisito de nuestra visita … La simpatía y amabilidad del Chef/Dueño Manuel Llerena

Desde el primer momento que llegamos fue encantador, tomándose su tiempo para hablar con nosotros y contarnos su historia y los sueños que ha ido cumpliendo a lo largo de su trayectoria.

La verdadera delicia de la comida fue su carisma y ser tan llano y abierto. Incluso nos abrió las puertas de su casa para enseñarnos su jardín de plantas aromáticas que usa en su cocina o, su amor por la arquitectura, que se ve en cada rincón de su local y de su vivienda.

A nosotros nos encantó el Restaurante de la O y lo recomendamos por muchas razones, pero regresaremos mil veces por el carácter y cercanía de Manuel y el amor y atención al detalle  que sientes en cada bocado de cada plato.

Una vez más brindamos con Estrella del Sur y por nuestra exquisita gastronomía. 

 

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